Sobre mi.

Hola si, me llamo Hilén, tengo 14 años & nací el 11 de abril. Soy una chica que se considera "diferente" a las demás (ni mejor, ni peor). Soy muy egocéntrica y no soy egoísta. Demasiado despistada. Superficial muy pocas veces. Según muchas personas soy una celosa perseguida, aunque sinceramente no lo creo. Odio a la mitad de las personas de mi colegio {demasiados hipócritas} No confío a nadie mis cosas más importantes. Quiero demasiado a mis amigos. Son pocos y verdaderos. Amo a mi familia y no la cambio por nada ni nadie. No me dejo humillar, ni boludiar. Porque como se dice; el que me las hace, las paga (a la larga o a la corta). Soy una chica muy competitiva y demasiado orgullosa. Dicen que soy histérica pero yo ni lo creo. Las personas que me definen como "loca" la mando a la mierda. Soy una persona seria (cuando quiero) Y si estoy de mal humor, no te me acerques. No me jode que hablen por detrás de mí, me critiquen, etc. Ya que se que a esas personas les importo mucho y además veo que no se vieron al espejo. A la gente que quieren defenderme siempre, la verdad se los agradezco pero no necesito que nadie me defienda, soy capaz de hacerlo solita. Viciosa a muchas cosas; tele, pc, cel, compras, etc. Algo que odio demasiado son las películas de terror, porque aunque la mayoría sean ficción, a mi me da demasiado miedo. No soy supersticiosa pero como sea prefiero no hacer esas cosas que supuestamente dan mala suerte, por si acaso. Soy muy ordenada cuando tengo ganas. No me gusta que me griten ni me digan lo que tengo que hacer. Obsesionada y fanática a Vélez Sarsfield. Lo considero el amor de mi vida. En el colegio no soy nada responsable, falto todo el tiempo hasta que me queda una falta para quedarme libre. Me vez estudiar solo si estoy colgando de un hilo. Como verán, me gusta mucho escracharme y reirme de mi pero no que otros lo hagan. Odio a los chicos fáciles y el chamullo barato ami no me cabe. Si digo no, es no. Algo que en verdad no me banco es que se me copien textualmente, mínimo si te queres copiar usa la disimulación; No soporto que se me vengan hacer los vivos por msn o facebook y después en la cara no te digan nada. Estoy demasiado orgullosa de ser quien soy y la verdad nadie va ser que cambie de opinión además no pretendas hacerme sentir mal, porque la verdad no va a pasar (no le hago caso a lo que me dicen los demás). Soy una chica que siempre pero siempre a pesar de cualquier cosa, dice lo que piensa, eso ni lo dudes. Soy dueña de mis propias decisiones. Si no me caes bien, ni sueñes que te ponga una sonrisa. En fin, así soy.

viernes, 17 de septiembre de 2010

A veces siento algo que no puedo reconocer ni ante mí misma. A veces veo el amor que se tienen algunas personas y siento algo muy raro en el estómago.
Es una mezcla de tristeza y de bronca. Algo horrible nace en mí, como si no soportara ver la felicidad ajena. Es como una angustia.
Una nostalgia por algo que tuve y ya no tengo, pero no sé qué es. Cada vez que veo que alguien tiene eso que yo no tengo se me enciende un fuego, algo espantoso que odio sentir.
Sentir que no pudimos ni podemos lograr eso que queremos genera vergüenza y dolor, un dolor que te va matando. Sentir envidia es creer que uno tiene un derecho, que la vida nos debe algo y que es injusto que se nos niegue. Pero la vida no nos debe nada, tenemos lo que queremos y lo que podemos. Y por todo lo que nos falta hay que luchar. Ahí la envidia se convierte en deseo, y el deseo en motor.
¿Por qué nos sometemos incluso en situaciones en las que podríamos rebelarnos?
¿Por qué incluso cuando por una cuestión numérica estamos en condiciones de rebelarnos no lo hacemos?
Hay dos motores que mueven a la humanidad, uno es el deseo y el otro la envidia, o sea desear lo que sea el otro. Todos tenemos deseos, son el motor de nuestra vida. No es malo tener deseos, pero cuando no alcanzamos lo que deseamos y lo alcanza otro ahí nace la envidia.
Nadie desea lo que nadie desea. Un cuarto lleno de juguetes, dos niños, uno agarra un juguete y el otro por supuesto quiere el mismo juguete. Está en la naturaleza.
‘Que suerte, que guacho, que tarro…”. Si, tarro, cosas que le decimos al otro cuando creemos que tuvo suerte, pequeñas expresiones simpáticas teñidas con una gotita de envidia, nada grave. ‘Envidio el vestido que tiene mi amiga, pero bueno, yo voy a tener otro también’. Hay otra envidia que es mucho más peligrosa: la envida del ser.
La envidia del ser es algo tan profundo, tan profundo que a veces no lo podemos ver. Ya no envidio lo que tiene el otro, envidio lo que es el otro. Los fuegos de la envidia tienen poderes casi sobrenaturales.
Son fuegos que pueden arrasar con todo, pero que pueden encender un motor.
Un recordatorio de que algo no estamos haciendo para cumplir nuestro propio deseo. Hay que luchar por nuestro deseo, no darse por vencido nunca. No existe fuerza más poderosa que el deseo, es indestructible. Nuestro deseo es el único capaz de apagar el fuego de la envidia.